Inicios

Acabé mis estudios como fisioterapeuta en el año 1978, en mis inicios los fisioterapeutas teníamos como mucho entre 10 y 15 ejercicios, para recuperar las extremidades inferiores.

Al principio mi idea era profundizar e investigar. Nada era demasiado pequeño, lo anotaba todo, incluidas las dudas y las hipótesis. En un futuro podrían ser interesantes y podía comprobar si mis suposiciones eran acertadas o no.

Aprendí de mis fracasos, no de mis éxitos, los fracasos me permitieron ir un poco más allá, además me daban ánimo pues confirmaban lo que estaba experimentando, también me dieron la base y la seguridad, para seguir moviéndome hacia delante y esto ocurría durante la década de los 80.

Hacia el fin de la  década anterior, la de los 70, muchos colegas franceses y de diferentes escuelas, escribían y mostraban en los artículos de las revistas fisioterápicas, pequeños tratamientos propioceptivos, estos tratamientos me pare cían muy interesantes pero a su vez muy simples cortos y excesivamente subjetivos.

Intuía que se podía perfeccionar y profundizar en el tema de la reeducación propioceptiva, percibía algo más había y continué trabajando con el empeño de cerrar un círculo, lo que me permitió llegar a desarrollar la técnica.

 Entre los años 1984 y 1985 introduje en mi trabajo los planos inestables, y tras cinco años de trabajar con ellos, modificarlos y escoger lo mejor de los PI que me dieron más éxito, pude estructurar debidamente tratamientos propioceptivos musculo-articulares para la extremidad inferior de pie, tobillo y rodilla.

 Al volver la vista atrás, pienso que otros colegas desistieron en estructurar y cuantificar el trabajo reflejo, por su gran dificultad, yo traté y trato aun de  desa rrollar, nuevos ejercicios y modelos de tratamiento que permitan tener una comprensión y una visión clara de lo que es la propioceptividad, los automatismos y el beneficio de lo que nuestros pacientes pueden obtener con estas técnicas.

 

En aquel tiempo creía y aun sigo creyendo, que la recuperación propioceptiva nunca debe pasarse por alto.

 Hacía el final de la década de los 80, el círculo empezó a cerrarse, e inicié en Septiembre de 1988, en el C.R.F. de Barcelona, un trabajo basado en la motricidad automática que sencillamente se obtenía, uniendo la respuesta refleja, más la voluntad, más la repetición.

 La acogida por parte de los pacientes al tratamiento fue excelente, sobre todo en cuanto a la eficacia terapéutica.

 Había conseguido unir las tres formas básicas de motricidad de las EEII, la refleja, la automática y la voluntaria.

En el año 1989 por primera vez la presente. La técnica y la definí como Terapia Reequilibradora del Aparato Locomotor – TRAL y básicamente era y es, una técnica de reeducación neuromotriz, dirigida eso sí, a las extremidades inferiores (EEII).

En la actualidad el TRAL aporta un gran número de herramientas terapéuticas. En cuanto a ejercicios (durante el curso  se enseñan y se ponen en práctica más de 300), así como un importante número de modelos terapéuticos para pacientes o personas que tengan la exigencia de recuperar sus piernas.